“En lo que va de
año, los suicidios adolescentes en España han crecido en al menos 100 muertes
más. Tras la guerra, el suicidio es la causa de muerte más común entre los
jóvenes”
Hay algo que
estamos haciendo mal. ¿Cómo es posible que cada día aparezcan miles de nuevas
ideas para hacer nuestras vidas más fáciles y sin embargo, cada vez somos más
infelices? Pues creo que el problema está ahí; en que cada vez nuestras vidas
son más fáciles.
He estado un
rato escuchando música en mi cama con
las luces apagadas. He cerrado los ojos y he hecho lo que tantas otras veces he
practicado. He repetido en mi cabeza una y otra vez esa historia que tan bien
conozco y casi sin darme cuenta, he podido ver una vida desde unos ojos que no
son los míos. Aun con los ojos cerrados y en mi cama, he visto y entendido:
“Ha sonado su
despertador y ha corrido a apagarlo. No tiene fuerzas para levantarse de la
cama, y es que anoche, como cada noche, no durmió bien. Lleva meses sin apenas
dormir. Lleva meses sintiéndose igual desde que se levanta por la mañana. Y hoy,
otro lunes más, todos seguirán sin entenderla. Hoy, de nuevo, todos seguirán
sin entender por qué se hace daño a sí misma. Hoy todos volverán a reprocharle
lo que hace y seguirán sin entender, que no lo puede evitar. Hoy volverá a
sentirse sola, volverá a verse insignificante rodeada de tanta gente, volverá a
no entender cómo nadie ve que necesita a alguien.
Su madre ha
entrado a su cuarto para que no vuelva a llegar tarde a clase. Se ha quedado
sentada a los pies de su cama hasta que ha visto que se incorporaba. Le ha
besado mientras le acariciaba la mejilla. Le ha dicho que le quiere. Su madre
ha salido del cuarto camino a la cocina con lágrimas en los ojos. No reconoce a
su hija. No sabe ayudar a su hija. Y su hija, es infeliz.
Se ha levantado
de la cama y como un robot se ha vestido, peinado y maquillado. Ha evitado
mirarse al espejo cada vez que ha pasado por delante de él. Se ha maquillado
casi de memoria, sin cruzar la vista con sus propios ojos en todo el rato. Ha salido
de casa y ha sobrevivido al día. Ha sobrevivido otra vez más. Cuando ha vuelto
a casa y su padre le ha preguntado por el día, no ha sabido qué contestar. No se
acuerda. No sabe qué ha hecho, todo suena muy lejano y confuso. No recuerda
haber mantenido una conversación interesante con nadie, no recuerda haber visto
nada especial…todo está difuso. Así que solo responde que el día ha estado
bien.
Entra a su
habitación y cierra la puerta. Se tumba en su cama y cuando empieza a ver
borroso, cierra los ojos. Nota como la primera lágrima ha mojado la almohada y
casi sonríe. Llevaba tanto tiempo sin llorar. Llevaba tanto tiempo sin sentir
nada. Pero de repente el llanto ya no es tranquilo. Ahora le cuesta respirar y
nota cómo viene la ansiedad. Empieza a temblar y práctica los pasos que el
psicólogo le ha enseñado para relajarse. Comienza a respirar mejor, pero su
cabeza sigue sin apagarse. Lleva meses funcionando demasiado. Lleva demasiado tiempo
torturándola con sus pensamientos. Ella sólo quiere apagarlos, quiere dejar de
pensar por unos minutos, quiere estar en paz. Necesita silencio en su cabeza. Y
está cansada”
He abierto los
ojos, ahora en mi cama. Mi almohada también se ha mojado ahora. Y es porque he
entendido. Queremos una vida fácil. Queremos una familia y mucho dinero, muchos
amigos, una buena casa y comodidad. A menudo, trabajamos de sol a sol para
conseguir esa casa y ese dinero. La mayoría de quienes ya lo tienen, educan a
sus hijos en una superficialidad continua. Les enseñan a adorar la riqueza, su
clase, su círculo…y no les sacan de sus realidades de cuentos de princesas. Les
educan en un ambiente de egoísmo, en el que todo se consigue a la primera. Todo
lo que se estropea se tira, no se arregla. Se compra algo nuevo. Porque lo
nuevo siempre es mejor que lo antiguo.
Alimentamos la
visión estereotipada de la realidad con la que nos bombardean cada día. Alimentamos
el prototipo de belleza que nos venden, generando inseguridades innecesarias y
exageradas en las chicas. Juzgamos con nuestras miradas cada paso de los demás.
Desaprobamos lo que no compartimos. Tememos lo que tiene apariencia diferente. Reprimimos
a aquellos que tienen un color de piel distinto al nuestro. Y lo basamos todo
en nosotros mismos.
Cortamos las
amistades que se complican en lugar de tratar de arreglarlas. Abandonamos a
nuestros amigos cuando pasan por sus peores momentos, por ahorrarnos el
sufrimiento. Rompemos relaciones por no intentarlo una vez más. Y
cuando paremos un día, ya mayores y con más de la mitad de nuestras vidas
cumplidas, veremos que tenemos dinero y una casa preciosa, pero que nuestro
marido vive en otra casa, que nuestra hija está encerrada en su
cuarto abrazada a sus sábanas y que ésta, no era la vida que queríamos.
Recordaremos las
veces que hemos dejado solos a quienes nos necesitaban. Echaremos de menos a
quienes no fueron capaces de llegar hasta ahí y nos miraremos y nos
arrepentiremos de habernos levantado de la cama cada día pensando en que
quizás, había alguien que no tenía fuerzas para hacerlo.
Así que mañana, que aun tendré tiempo, lo pensaré. Aunque duela. Aunque no pueda hacer nada.
Así que mañana, que aun tendré tiempo, lo pensaré. Aunque duela. Aunque no pueda hacer nada.
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